Paradoja
Año 2040, aeropuerto de Tokio. Una corta fila de pasajeros espera a que el azafato de tierra reciba su equipaje y les proporcione el ticket de embarque. Se trata de una persona muy empática ya que las emociones que se reflejan en su cara se adaptan a las del viajero al que está atendiendo en cada momento, alternando la seriedad y las sonrisas. Destila serenidad y no pierde la paciencia por muy impertinentes que se muestren los clientes.
Llega mi turno y le explico sonriendo que mi bolsa de viaje la subiré a cabina, que es mi equipajes "de mano". Me devuelve la sonrisa pero me dice que no puede ser ya que la bolsa sobrepasa el peso máximo exigido como equipaje de mano:
- El máximo es de 5kg y tu bolsa pesa 5 kg y 220,34g
- ¿Cómo puedes saberlo con esa exactitud?
- Porque soy un robot y tengo una balanza de precisión insertada en el brazo.
- No te creo, estás de broma.
- Los robots no mentimos.
Me quedo de piedra. Pero reacciono.
- Eso es una paradoja, le digo.
-¿Cómo?
- Si eres una persona que simula ser un robot, estás mintiendo y por tanto no estás llevando a cabo correctamente tu papel. Pero si eres un robot que simula ser una persona, también estás mintiendo ya que estás aparentando ser lo que no eres. Por lo tanto la expresión "Los robots no mentimos" en tu caso es una paradoja.
- Vale, pasa con tu equipaje de mano. Tu asiento es el 24B.
Le doy las gracias y me voy tan contenta. "Para que luego digan que estudiar Filosofía no sirve para nada". En Madrid seguramente tendré que pasar un control de aduanas con un funcionario nada empático y bastante menos comprensivo que mi azafato-robot.
En el disco duro del robot de recepción de pasajeros Suchuwādesu987 del aeropuerto de Tokio queda reflejada la siguiente incidencia: "Se permite un sobrepeso de 220,34g en el equipaje de mano de la pasajera Ryokaku24B a fin de evitar una discusión que podría suponer un retraso en el vuelo. Tramitar el cobro de dicho exceso de peso".

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