Ocho de marzo
Salió, pancarta en mano y toda de violeta de la cabeza a los pies, camino de la mani. Un recorrido corto. Un recorrido larguísimo. Siglos y milenios llevaba sobre sus hombros. Años y años de ese patriarcado, silencioso a veces, otras estridente, que se iba sacudiendo a cada paso. Nació en los sesenta. Minifaldas y vaqueros. Música beat que escuchaba su hermana mayor. fiestas de disfraces vestidita de hippy por su madre, flecos y flores pintadas en la cara y prendidas en el pelo y un símbolo de La Paz recortado en cartón a modo de colgante. El mundo parecía "todo modernidad" pero era sólo eso: un disfraz. Amas de casa, criadas, enfermeras, maestras y secretarias… Cabezas de familia, médicos, jueces, hombres de negocio…Aún quedaba mucho por cambiar. Los setenta en la España franquista eran un canto al machismo. Un cole solo de niñas, jugando a la comba, a la goma o al avión. O formando corrillos donde se cotilleaba como auténticas comadres de portal. Ninguna aspiraba a otra ...